Wednesday, April 6, 2016

Alina está lista para pilotar un auto lunar

Alina Santander Vinokurova ya se encuentra en Estados Unidos y no puede esperar a pilotar el auto lunar que en estos días ensambla junto a su equipo para participar en el Human Exploration Rover Challenge 2016 de la NASA (Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio). La cruzada que esta paceña, de 16 años, comenzó en enero para lograr los auspiciadores, que hagan posible su participación en la competencia internacional, logró su cometido.

En enero Página Siete entrevistó a Alina. La joven contó cómo logró ser la única boliviana en integrar un equipo que participará en la competencia de la NASA que consiste en construir y manejar, a propulsión humana, un auto lunar. Sin embargo, debía conseguir el dinero necesario para costear los trámites, la inscripción y los gastos del viaje al país del norte, cuya estadía estaba programada para alrededor de 17 días.

Después de decenas de entrevistas y contactos con empresas, ella, siempre apoyada por su familia, logró cubrir todos los gastos necesarios para su viaje y participación en la competencia de la NASA.

El desafío, después de construir el auto lunar, se enfoca en que dos miembros de un equipo -conformado por seis personas- conduzcan por un terreno de media milla. El terreno simula una superficie extraterrestre con obstáculos, cráteres, superficies rocosas, montículos, desniveles, etc.

"Este año habrá un nuevo reto. Me encargué de hacer fabricar dos instrumentos con los que -durante el desafío- recogeremos muestras del terreno. Uno es para líquidos y el otro para sólidos. Además cosimos bolsas que estarán incorporadas a la estructura del vehículo”, cuenta la joven que cursa el quinto año de secundaria en el colegio Amor de Dios.

Rover Challenge 2016

En este momento Alina y su equipo están dando los últimos detalles al ensamble del auto lunar. El desafío se inicia mañana y se prolongará hasta el 9. La boliviana participará como parte de la organización del International Space Education Institute (ISEI), en español Instituto Internacional de Educación Espacial, en el equipo de Italia.

En la competencia hay un total de 91 equipos que representan a más de 10 países y que suman alrededor de 550 participantes. De todos ellos, ganará el grupo que logre los mejores tiempos en las diferentes tareas que impone el desafío que se desarrollará en el Space & Rocket Center en Huntsville, Alabama. De momento, el puesto de Alina como piloto está asegurado.

"El primer día nos dedicaremos a hacer pruebas con el auto lunar; el segundo, se hará la prueba del recojo de muestras. El tercero es la carrera”, comenta la joven que está preparada tanto para ser piloto en la parte delantera o trasera del auto lunar.

A pesar de haber conocido personalmente hace pocos días a los miembros de su equipo, ya que anteriormente el contacto se estableció sólo por internet, dice que es un grupo muy competitivo.

La cruzada

Eso no es todo, la paceña será una de los cuatro participantes, elegidos este año, para contar su experiencia y lucha por lograr ser miembro de un equipo en la competencia de la NASA.

La joven dice que su entrevista con Página Siete "fue el inicio de todo”. Desde enero ha sido entrevistada por alrededor de 29 medios de comunicación bolivianos y fue contactada por diferentes empresas y programas que le ofrecieron su ayuda.

"Al inicio sólo teníamos el apoyo de BoA con los pasajes, pero después nos contactaron de fundaciones y empresas. Gracias a ese apoyo logramos cubrir todos los gastos”, recuerda.

La repercusión fue tan positiva que Alina ya no es la única participante boliviana en el desafío de la NASA. Sino que su hermana Cristina, de 14 años, está en la competencia como reemplazo en caso de que algún piloto, hombre o mujer, se lesione. Ella fue integrada a la competencia por el ISEI debido a que ha tomado clases de pilotaje durante varios meses.

Los días previos al viaje fueron caóticos en la casa de los Santander. A pesar de sus 16 años, Alina decidió mantener la calma y recibió el apoyo de sus profesores y compañeros de colegio. La victoria es uno de sus principales objetivos.

A su retorno, la joven trabajará con el programa educativo Yo soy mi primer amor, uno de los auspiciadores.

Además, ha presentado un proyecto a la Escuela Militar de Ingeniería (EMI), que también la apoyó, para que en el futuro se conforme un equipo que represente a Bolivia en esta competencia de la NASA.

La campaña

El inicio Alina Santander Vinokurova participó durante dos meses, en 2015, en un campamento espacial en Leipzig, Alemania, organizado por el International Space Education Institute (ISEI), en español Instituto Internacional de Educación Espacial. Durante su estadía aprendió a construir y pilotar un auto lunar. Gracias a su trabajo fue seleccionada para participar en la competencia de la NASA.
Redes La joven paceña informa a través de su página en Facebook sobre el desarrollo de la competencia: Alina for NASA.
Instituciones Para saber más sobre la competencia se puede ingresar al portal de la NASA: www.nasa.gov/roverchallenge/home/index.html y sobre el ISEI: www.spaceeducation.de.
Auspicio Las empresas y programas que hicieron posible el viaje de Alina son: Faxira & CTI International, Yo soy mi primer amor, Citadel, BoA, EMI, IGEL, Amaya, Apacheta, Energym y PXM.


Monday, April 4, 2016

Aníbal Arab, primer piloto boliviano nacido en Pando, felicita al gobernador Luis Flores

Aníbal Arab Fadúl es para Pando lo que Jorge Wilstermann Camacho fue para Cochabamba: su primer piloto de aviación civil.

El aeropuerto de Cobija lleva su nombre desde 1988, año en que este meritorio hijo de la tierra pandina había dejado de pilotear los aviones del Lloyd Aéreo Boliviano (LAB), jubilándose después de 42 años al servicio de la aviación nacional como el primer piloto boliviano nacido en Pando.

Hoy, el pequeño y vetusto aeropuerto que rememora sus azañas como pionero de la aviación pandina, está a pocos días de convertirse en la una de las cuartro terminales aéreas más importantes de Bolivia junto a los aeropuertos internacionales de La Paz, Santa Cruz y Cochabamba, mediante una obra impulsada por el Gobernador de Pando, Luis Adolfo Flores Roberts.

A sus 80 años, con su salud algo delicada, radica actualmente en la ciudad de Cochabamba y desde allí envió un mensaje de felicitación a la Gobernación de Pando por la iniciativa estatal de transformar el antiguo aeropuerto de Cobija en la moderna terminal internacional cuya obra fina se halla en toques finales.

“En nombre de mi pueblo de Pando agradezco al presidente Evo Morales y felicito al doctor Luis Flores, nuestro Gobernador, por la encomiable decisión de ampliar y modernizar el aeropuerto de Cobija”, dijo el pionero de la aviación pandina desde su reposo en el valle.

Voceros de la Gobernación informaron a Sol de Pando que el meritorio piloto jubilado será invitado para asistir a la próxima inauguración del renovado aeropuerto que lleva su nombre. “Ojalá que mi salud me permita estar en Cobija cuando llegue ese día”, anticipó el capitán Arab.
Aeropuerto Internacional de última generación

Para el capitán Aníbal Arab existen fundamentales razones técnicas para ampliar y modernizar una terminal aérea que quedó obsoleta ante un flujo de más de 123.000 pasajeros nacionales y extranjeros que utilizan este aeropuerto anualmente. “Es muy importante garantizar no sólo la comodidad en el pre-embarque sino también la seguridad en los despegues y aterrizajes, que las aeronaves puedan cargar más combustible, llevar más peso, y desplazarse sobre la pista con la máxima eficiencia” —dijo el veterano aviador—. “Tengo entendido que la nueva franja de aterrizaje tiene una plataforma de 2.600 metros; lo ideal sería que a futuro la pista se amplíe a tres mil metros, eso facilitaría que muchas naves puedan despegar y aterrizar portando mayor carga”. (La antigua pista abarcaba una plataforma de sólo 1.900 metros).

Este aeropuerto situado en los márgenes de la ciudad de Cobija fue construido en 1984 durante el gobierno de Hernán Siles Suazo. Anteriormente ocupaba los terrenos de la actual Plazuela Ecológica, conocida también como “Parque Piñata”, en pleno centro de la ciudad. La obra de los años ochenta no fue diseñada para su uso como aeropuerto internacional ni previó el inusitado crecimiento poblacional de la capital amazónica.

Las actuales obras de reconstrucción para elevarla a rango de Aeropuerto Internacional se financian con un crédito contraído con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en agosto del año 2013, cuando se iniciaron los trabajos. Dicho organismo multilateral otorgó un crédito de $us 73,5 millones de dólares exclusivamente para la ampliación y modernización de los aeropuertos de Cobija, en Pando, y Trinidad en el Beni. El financiamiento total para las dos obras asciende a $us 80 millones, de los cuales 73’500.000 es crédito del BID y los restantes $us 6’500.000 con recursos de contraparte local.

La nueva terminal aérea de Cobija, con características y costos similares a las de Trinidad, abarca una superficie de 5.211 metros cuadrados y una moderna torre de control y equipamientos que incluyen su respectiva sala VIP. Además de extenderse la pista de aterrizaje de 1.900 a 2.600 metros de longitud incluyendo una plataforma de viraje, se amplía el playón para aeronaves y se edifican áreas de seguridad en un extremo de la pista, adecuación de los márgenes de pista y calles de rodaje, junto a un moderno sistema de señales para el movimiento de naves. Tendrá una capacidad para albergar a 235.000 pasajeros por año, tomando en cuenta las proyecciones para los siguientes dos décadas, lo cual incluye la circulación de 600 pasajeros en horas pico con 11 unidades de abordaje. Podrán funcionar hasta seis aerolíneas en forma simultánea.

A mediados del pasado año se libró al uso público el transito eventual dentro la nueva terminal, una vez que la terminal antigua fue desmontada para continuar las obras.

A pesar de que las nuevos aeropuertos “Aníbal Arab Fadúl” de Cobija y “Jorge Henrich Arauz” de Trinidad son similares en costos y dimensiones, existe un dato geoestratégico que marca una diferencia sustancial entre ambos proyectos: Cuando el nuevo aeropuerto internacional de Cobija sea inaugurado, según explica el gobernador Luis Flores Roberts, “nuestra ciudad tomará un inusitado dinamismo comercial y turístico ya que los vuelos, por ejemplo a Panamá con escalas internacionales en los aeropuertos de Brasilia, Sao Paulo, Lima, Santiago, Buenos Aires y Montevideo, tenderán a concentrarse en el nuevo aeropuerto pandino”. De ese modo se descongestionaría especialmente el saturado flujo en el aeropuerto internacional de Viru Viru, en Santa Cruz.
La biografía de Anibal Arab fue publicada en en el Nro. 20 de la edición impresa de Sol de Pando (mayo 2011) y reeditada en la edición digital del 2 de marzo del 2012.

La biografía de Anibal Arab fue publicada en en el Nro. 20 de la edición impresa de Sol de Pando (mayo 2011) y reeditada en la edición digital del 2 de marzo del 2012.
¿Quién es Anibal Arab Fadúl?

El 31 de octubre del 2007, el presidente Evo Morales, con todo su gabinete, promulgó la Ley número 3758 que ratifica la denominación de “Capitán de Aviación Civil Anibal Arab Fadul” al aeropuerto de la ciudad de Cobija, como reconocimiento y homenaje —señala el respectivo artículo— “al ilustre pandino, pionero de la aviación civil en nuestro Departamento”.

El origen libanés de aquel patricio pandino que es orgullo de la aviación boliviana, representa otra vena vigorosa de la interculturalidad de un país donde sus habitantes provienen de todas las tierras del planeta para coexistir productiva y armoniosamente con nuestras naciones originarias construyendo una patria para todos.

“Soy orgulloso de mis antepasados que llegaron a Bolivia a principios del siglo XX para asentarse en la zona más remota y abandonada del país. Mis padres hicieron de Cobija y de la Amazonia su mundo compartido con esos pueblos de la selva que aún hoy perviven intactos cuidando esos bosques tan fantásticos, donde pasé mi infancia jugando con unos avioncitos de madera que solía fabricar mientras soñaba con volar”, nos dijo el pionero aviador durante una entrevista que se publicó en la edición impresa de Sol de Pando en mayo del 2011 y reproducido en nuestra edición digital del 2 de marzo del 2012.
En 1908, finalizada la Guerra del Acre, llegaron a la recién fundada ciudad de Cobija (antes llamada Bahía) el migrante libanés José Arab y su esposa Rosa Fadúl, atraídos por el auge de la goma en esos años. Los Arab habían salido del Líbano usando pasaportes que solían obtenerse en Turquía para llegar a Francia y de allí al Brasil. “Mis padres vinieron a Cobija desde Belem de Pará, atravesando el río Xapurí”, cuenta Aníbal, recordando que su padre se había encariñado con este pueblo amazónico de Bolivia tanto que en 1925, año del Centenario de la República, donó aquel monumento dedicado al Libertador Simón Bolívar que hizo traer desde Italia y que aún hoy hace de centinela en la plaza principal de Cobija.

El hogar de los Arab Fadul tuvo seis hijos: José, Aníbal, Irán, Regina (recientemente fallecida en Cobija), Zulema y Ricardo.

“Yo nací el 2 de agosto de 1935 en Cobija, cuando los ecos de la Guerra del Chaco todavía estaban resonando en las familias enlutadas del país”. Su padre, cuenta, colaboró con la movilización de las tropas cobijeñas que se concentraron en la plaza de Porvenir. “Cuando nací no existía Pando como Departamento” —aclara—. “Mi partida de nacimiento decía que soy nativo de Cobija, en el Territorio Nacional de Colonias del Noroeste, es decir que soy un cobijeño colono de la etnia libanesa, y tan boliviano como usted”, asevera esbozando una gentil sonrisa.

En sus años escolares fue uno de los primeros alumnos del Colegio Antonio Vaca Diez. Recuerda entre sus condiscípulos de escuela y colegio a los hermanos von Boeck, Azad, a los Faráh, los Maradés, los Díaz, los Cohelo, los Watanabe, los Susuki… entre varios hijos de migrantes libaneses, alemanes, italianos, españoles portugueses y japoneses que figuran entre los primeros habitantes urbanos de Cobija. “Teníamos muy pocos coetáneos de origen boliviano francamente”, observa.

Sunday, April 3, 2016

Jorge A. Rojas Tardío: El hombre detrás del renombre

Homenaje familiar recordado con admiración

Nacido un 28 de marzo de 1916, Jorge Armando Rojas Tardío fue un hombre que puso dedicación y esmero en todas las tareas que desempeñó: desde sus días de estudiante en el colegio La Salle, pasando por muchos años de profesional exitoso y generoso –que no cobraba a la mayoría de sus pacientes– hasta su faceta de pescador y cazador entusiasta.

Fue un hombre público en varios gobiernos, católico practicante, creador e impulsor del equipos de sus amores (Wilstermann), patriota y defensor de la democracia, querendón de su terruño, especialista en flores, experto en crianza de canarios, gran entrenador de perros de caza y, sobre todo, amigo incondicional de todo aquel que supo acercarse con confianza

y respeto.

Enumerar sus virtudes es tarea compleja, y con el paso de los años, los pocos defectos que tuvo han quedado resumidos a nada comparados

con lo positiva que fue su vida.

Quizás su mayor virtud fue ser consecuente con su manera de pensar, no improvisó nunca, y una vez que tomaba una decisión, no paraba hasta lograr su objetivo. Citando a Amado Nervo, él mismo repetía: “…yo te bendigo, vida, porque nunca me diste ni esperanza fallida, ni trabajos injustos, ni pena inmerecida; porque veo al final de mi rudo camino que yo fui el arquitecto de mi propio destino; que si extraje la miel o la hiel de las cosas, fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas: cuando planté rosales, coseché siempre rosas”. Su vida fue así, en cada actividad de su diario vivir era intenso y notable.

Solamente salir a pescar o cazar con él era una experiencia inolvidable. Comenzaba con la preparación de los aparejos, una tarea que a veces tomaba varios días. Era fascinante observarlo mientras meticulosamente seleccio- naba el señuelo correcto, la caña adecuada, la comida y la bebida...todo de acuerdo a la duración de la aventura. El viaje podía ser muy largo, pero se tornaba corto escuchando sus historias divertidas, varias poesías que tenía guardadas en su memoria asombrosa, agradeciendo siempre a Dios y celebrando cada momento, desde el primer brindis al alba, al que llamaba “desayuno escolar”.

Cómo no extrañar y acordarse de esos momentos tan gratificantes en los que se lo escuchaba recitando un poema de García Lorca frente a los farellones del Tunari, desafiando al eco con su potente voz.

Caminar a su lado por el jardín o por el campo era recibir una clase magistral de botánica, con información de primera mano. Sabía el nombre científico de centenares de flores, plantas y árboles, y siempre recordaba y agradecía a sus grandes maestros: Martín Cárdenas y Víctor Rojas.

Cuántas tardes pasamos a su lado, escuchando silbidos e injertando nuevas variedades de rosas. Con la delicadeza de un cirujano cortaba y preparaba el ojo de la nueva variedad que sería transferido a una nueva planta, en la que preparaba un milimétrico espacio de recepción en forma de “T” y después procedía a vendarlo con rafia remojada que dejaba el injerto asegurado y protegido, y era cuestión de tiempo para ver el fruto de estos trasplantes que siempre parecieron mágicos, porque en primavera se conver-tían en una sinfonía de colores.

Siempre fue interesante acompañarlo cuando visitaba a sus pacientes recién operados, ya que -por lo general- esos paseos concluían en alguna tienda para comprar jamones, quesos y otras delicias para compartir

en familia.

La profesión que tanto amaba la aprendió en Chile, adonde fue a estudiar con su hermano Jaime; y fue allá donde conquistó a nuestra madre, Juanita, la chilena más linda y querendona de Bolivia, y la convenció de venirse a vivir a Cochabamba cuando apenas tenía 20 años.

Entre los dos criaron a nueve hijos, cada uno con una particular personalidad, pero con líneas de comportamiento comunes, apegadas a la religión

católica, sin descuidar la educación

formal y los valores fraternales. Hasta el día de hoy nuestra madre continúa manteniendo unido el núcleo familiar que creó con el único hombre que amó en su vida.

Debemos mucho a Dios, pero Él no actúa solo, utiliza para cumplir sus

fines a personas especiales, y estoy seguro de que Jorge Rojas Tardío fue una de estas personas elegidas.

Así, queremos agradecerle de manera póstuma, celebrando el centenario de su natalicio, por el buen padre que fue, por las enseñanzas que nos dejó y por ser el ejemplo de muchas generaciones. Juanita, los nueve hijos, dos nueras y cinco yernos, 25 nietos y 27 bisnietos, y el fallecido Roberto Bayro, que pasó a ser nuestro hermano cuando murieron sus padres.

Gracias papá (Papi o Babo, como le decían sus nietos y bisnietos) por todo el amor que nos transmitiste y enseñaste, por haber sido como fue, por su “corazón de grillo”, que le permitió ver la vida desde otra perspectiva, haciendo que los problemas más difíciles

y complejos sean fáciles y llevaderos. Nunca lo olvidaremos.

¡Feliz centenario papá!

Saturday, April 2, 2016

Reconocen a personas ilustres de Potosí

En el teatro Modesto Omiste anoche se desarrolló el acto de reconocimiento a personalidades ilustres de la sociedad potosina, actividad organizada por el Ejecutivo Municipal de Potosí.

Los reconocidos fueron Daysi Careaga, Eugenio Natalini, grupo Savia Andina, Alejandro Valdez, Donato Nina, Carlos Wille, Rodolfo Torres y Cristóbal Corso Cruz.

El alcalde Williams Cervantes resaltó la personalidad de cada uno de los reconocidos, los méritos personales, el aporte al desarrollo de la ciudad, sus enseñanzas, vida y ejemplos.

Mencionó que recogió los comentarios, opiniones y sugerencias de muchas personas de la calle y los funcionarios del Municipio para determinar la entrega de la Medalla “Ciudad Modelo”.

Se exhibió el video de muchos de los reconocidos que contaron y relataron sus experiencias, contribuciones, esfuerzos y actividades personales que aportaron al desarrollo de Potosí.

La señora Daysi Careaga se refirió a la remodelación y mantenimiento de su domicilio considerado un edificio patrimonio arquitectónico de importancia; Gerardo Arias habló de los logros de Savia Andina en el ámbito musical y terminó cantando una parte de la canción “Mi Potosí querido”; el sacerdote Eugenio Natalini recordó que continuaba la misión de José Antonio Zampa y que se sentía boliviano hasta los huesos y potosino hasta el tuétano.

Mediante su hijo, Donato Nina transmitió el cariño que tiene a la ciudad y el de aportar con su platería al desarrollo de Potosí; y el representante de Carlos Wille, mencionó que continuarán con la elaboración del producto de la cerveza potosina y entrar a otros mercados, como lo presentan en Sucre y Santa Cruz con gran aceptación.

Wednesday, March 30, 2016

Fernando Peña Gómez Pionero de la cirugía plástica

Fernando “Nano” Peña es uno de los primeros médicos bolivianos que se especializó en cirugía plástica y la calidad de su trabajo se refleja en el reconocimiento y la gratitud de sus pacientes.

Al margen del prestigio profesional ganado a lo largo de 43 años, es uno de los galenos más multifacéticos, que supo destacarse como deportista, padre de familia, autoridad municipal y académico.

Hace tres años le detectaron un cáncer que lo alejó del ejercicio de su profesión; le tocaba poner toda su energía en su salud, para afrontar su tratamiento y recuperación.

Si bien ahora su actividad pública está reducida al mínimo, Fernando Peña nos recibe en su departamento para tener una conversación sobre su vida, sus éxitos y fracasos, sus anhelos y esperanzas.

Cuando las puertas del ascensor se abren en el cuarto piso, uno prácticamente aparece dentro del departamento. Con una sonrisa amable y un trato afable, Erika Peña, la hija menor del médico, da la bienvenida y nos conduce hasta la sala principal.

Durante los minutos de espera, la mirada se detiene en la pared principal del living donde están colgados ocho cuadros pintados al óleo, la mayoría de paisajes cochabambinos. “Son trabajos de mi papá”, dice un orgulloso Fernando Peña, quien acaba de ingresar. Un gesto con la mano nos invita a tomar asiento para comenzar la conversación

que se prolongó casi dos horas.



UNA INFANCIA FELIZ

Sentado en una silla del comedor de su casa murmura: “el tiempo pasa volando”, dando

a entender que “pareciera que fue ayer”

- como dice la canción de Armando Manzanero- todo lo que vivió en sus 72 años.

Fernando Peña nació en Cochabamba,

el 17 de diciembre de 1943, segundo y último hijo de Daniel Peña y Sarmiento y Guadalupe Gómez Díaz.

Recuerda su infancia como un período feliz, sin excesos ni carencias materiales y plena en afecto. “Compartía todo con mi hermano Federico - recuerda con una sonrisa y mirada nostálgica- y disfruta de estar

en familia”.

“Mi padre era un distinguido artista plástico, que aportó al desarrollo de la cultura en la región -recuerda Fernando-. Fue él quien creó el primer Departamento Cultural de la Alcaldía, durante la gestión de Alfredo Galindo y, además, fue el primer oficial en la historia departamental”.

Guadalupe Gómez, su madre, se dedicó por entero al cuidado de sus dos hijos.

Los hermanos Peña Gómez obtuvieron becas de estudio en el colegio “La Salle”, gracias a que su papá se desempeñaba como maestro de Artes Plásticas. Fernan-do egresó en 1961 y siempre recordó con cariño a su etapa escolar.

decisiones importantes

Durante breves pero intensos minutos, “Nano” Peña se pone nostálgico, su voz se resquebraja y los ojos se ponen llorosos, cuando comienza a recordar cómo nació su vocación por la medicina.

“Antes no existía el seguro médico, como ahora, así que cuando alguno de nosotros se enfermaba, nos atendía alguno de los amigos de mi papá y no le cobraban nada”, comenta.

“Me conmovía ver su dedicación y cómo podían curar a los enfermos”. Esa admiración lo llevó a matricularse en la Universidad Mayor de San Simón (UMSS), en la carrera de Medicina.

“La educación gratuita es una bendición. Mi padre solo tenía que pagar la matrícula anual, el resto lo conseguí con mi esfuerzo y dedicación”, asegura.

Desde entonces, Fernando distribuía su tiempo entre el deporte (voleibol, fútbol y básquet) y sus estudios. Como una manera de ayudar económicamente a sus padres, comenzó a trabajar como mensajero en una empresa privada y, luego, como visitador médico de Droguería Inti.

Egresó de la UMSS en 1968. Al año siguien-te realizó su año de provincia en la localidad de Sacaba. Allí creció su vocación de servicio social y se convirtió en el impulsor de la construcción del hospital México.

“Me moví en todos los campos social, político y religioso para plantearles la necesidad de un hospital - recuerda Peña-; finalmente conseguimos apoyo del Consulado de México y logramos hacer realidad este sueño”.



ENTRE EL AMOR Y LA VOCACIÓN

Ese mismo año, hace 48 años, se casó con Beatriz Ávila Lara en la capilla del

Colegio La Salle. “Nosotros éramos vecinos cuando empezamos a enamorar”,

recuerda Fernando. La joven pareja

recibió con mucho amor a su primer hijo, Fernando Peña Ávila.

Con su matrimonio reciente y la conclusión de su año de provincia, Fernando Peña apostó por lograr su sueño: obtener una especialidad en cirugía plástica.

Nuevamente, su voz se entrecorta por la emoción del momento y, haciendo un esfuerzo, señala: “no escogí mi especialidad al azar, tenía un motivo muy importante. Mi mamá tuvo un tumor en la parótida, por

lo que fue operada; pero, le cortaron el nervio facial y quedó con desvío en la mitad del rostro y eso la mató socialmente. Por eso quería esa especialidad, para ayudar a otras personas”.

Viajó a la ciudad de México en búsqueda de una plaza como residente de la especialidad de Cirugía Plástica en uno de los hospitales públicos; llevaba consigo una maleta de ilusiones y una carta de presentación del Cónsul de ese país en Bolivia.

“Pasé por un tiempo muy difícil, no conseguía nada; cuando ya estaba pensando

en volver a Bolivia, una paisana me ayudó

a probar en el hospital General de México”, recuerda Peña.

El director de ese hospital, Fernando Ortiz Monasterios, después de leer las cartas

de referencia, le dio la oportunidad de ingresar a la residencia.

Ya establecido en México, su esposa e hijo viajaron a reunirse con él. A los pocos años, en 1974, llegaría Erika a completar la familia Peña Gómez.

Fernando radicó cinco años en México,

de los cuales uno se dedicó a la cirugía general, tres a la cirugía plástica y uno de subespecialización en el instituto de quemados.

Como opción de vida, decidió retornar a su país para ejercer su profesión en Cochabamba. Lastimosamente no encontró

trabajo, por lo que tuvo que ir a trabajar al hospital “Germán Busch” en Trinidad, Beni.

Después de un año y con algo de dinero ahorrado, retornó a Cochabamba para abrir su consultorio particular. Al poco tiempo, ingresó a trabajar en la Caja Nacional de Salud, donde permaneció cinco años.

Luego se cambió a la Caja Petrolera de Salud, donde se quedaría 25 años, hasta su jubilación; no obstante, continuó atendiendo en su consultorio particular.

Después de que le diagnosticaron cáncer, siguió trabajando de manera particular, hasta que los dolores corporales fueron

más fuertes que su deseo de atender a sus pacientes.

Hace tres años dejó de ejercer la medicina, guarda en su memoria y en su corazón

grandes logros profesionales, el reconocimiento académico de la sociedad intelectual y la gratitud de sus pacientes.

Saturday, March 19, 2016

José Germán Rico Vega El maestro de generaciones

Una vida de entrega

A varios metros de distancia se puede distinguir a Germán Rico -81 añosparado en la puerta de su domicilio en la calle Lanza, vestido con un traje oscuro y bien plantado. A pesar del calor, que se refleja en el sonrosado de sus mejillas, este maestro y director de vocación espera a la periodista afuera para recibirla formalmente y hacerla pasar a su hogar.

¨Don Germán¨-como le dicen con cariño todos los exalumnos del colegio Maryknoll- es un hombre de principios, de carácter fuerte y firme, que dedicó más de medio siglo de su vida a la educación formal y a la dirección de la entidad que aglutina a los colegios particulares en Cochabamba (Andecop).

Hace pocos meses se jubiló de ambas actividades pero -como él dice- mientras la vida se los permita y tenga lucidez estará apoyando a ambos.

Después del saludo formal, Germán Rico conduce a la periodista a la sala familiar. Un lugar acogedor, cuya decoración pareciera haberse detenido en el tiempo. El elegante juego de living clásico se complementa con las dos vitrinas de madera con vidrios de cristal que resguardan como un tesoro la colección de objetos de porcelana fina de Blanca Ramallo Covarrubias, su com- pañera de vida desde hace 58 años.

Entre el centenar de objetos están colocadas las fotografías familiares de las personas y los momentos más importantes en la vida de Germán y Blanca: el día de su boda, sus cinco hijos y cada uno de sus 14 nietos.

Aunque todavía falta la imagen de la última integrante de la familia Rico, su primera bisnieta -quien nació hace pocos meses-; los bisabuelos están muy felicides de tener la posibilidad de vivir esta experiencia.

Los que conocen a “Don Germán¨ pueden atestiguar que para él y su esposa siempre fue su prioridad mantener a su familia unida, y así lo hicieron con amor y principalmente con el ejemplo de su matrimonio.

Entusiasta y dedicado


José Germán nació en 1934, en Punata, fruto del amor de José Rico Lobo y Gaby Vega. Sus padres decidieron trasladar su residencia al Cercado; aunque seguían manteniendo su actividad como terratenientes. Posteriormente nacieron sus hijos, Óscar y Raúl.

Lamentablemente, la familia Rico Vega tuvo que enfrentar la muerte prematura de José, que dejó en la orfandad a los tres niños, cuando Germán tenía cuatro años.

La madre se encargó de su crianza, fomentando los valores y la unidad familiar. Sin embargo, a los seis años de perder a su padre, Rico tuvo que enfrentar la pérdida de su mamá Gaby.

Su prima Blanca Rico y su esposo Eduardo Amador acogieron a los menores, les brindaron mucho amor y una buena educación.

Germán cursó la primaria en la escuela Wilge Rodríguez y finalizó la secundaria en el colegio Mayor Rocha, en 1953; ya en el último periodo académico descubrió su vocación de docente al enseñarles matemáticas y física a sus compañeros.

Después de salir bachiller, ingresó a la Escuela Nacional del Maestros en Sucre. A los cuatro años, culminó sus estudios y lo primero que hizo, aquel 27 de diciembre de 1957, fue entregar el certificado a su prima y esposo como reconocimiento al amparo y la confianza que depositaron en él.

“Hay fechas significativas en el corazón y ese momento no lo olvidaré nunca”, asegura Germán Rico, con la voz entrecortada por la emoción.

Al año siguiente fue invitado a dictar clases en el colegio Maryknoll, como profesor de matemáticas.

Un gran didacta

Desde su inicio laboral se destacó por la didáctica de su enseñanza. Por su entrega y dedicación, en 1971 fue posesionado como director general del colegio Maryknoll, cargo que al siguiente año lo habilitaría para asumir como secretario y luego como director de la Asociación de Colegios Particulares, (Andecop), a la cual dirigió 44 años.

Otro aspecto, tal vez menos conocido pero igual de importante en su vida académica, es que durante 33 años fue docente titular de la Facultad de Ciencias y Tecnología de la Universidad Mayor de San Simón.

Su vida siempre giró en torno a la educación de los jóvenes, y como dice el refrán ¨por los frutos se conoce al árbol¨, hoy el colegio Maryknoll es uno de los más destacados a nivel departamental, en el área de las ciencias exactas, gracias a las semillas que Germán Rico sembró hace más de medio siglo.

La familia, su pilar

Fuera del ámbito laboral y académico, “Don Germán” supo priorizar su rol de esposo, padre y abuelo.

Hace poco tiempo, la pareja renovó sus votos religiosos al cumplir 50 años de matrimonio; en esa oportunidad ambos volvieron a jurarse amor eterno. No cabe duda de que Germán Rico está orgulloso de haber formado una familia donde prima el respeto y la fe en Dios. Y está seguro que ese será su mejor legado.




Tuesday, March 8, 2016

Ligia Giles La reina de un festival renacentista

Vocación emprendedora apoyo y respaldo familiar

Siguiendo el destino que la vida le ofrecía, Ligia Revuelta dejó el país en 1961 para radicar en los Estados Unidos junto a su esposo Bobby Giles.

Después de varios años de trabajo, logró convertirse en la soberana de la gastronomía hispanoamericana en el Festival del Renacimiento, que se realiza en octubre y noviembre en el condado de Texas.

Al ver las fotografías de Ligia Revuelta de Giles caracterizando a una de las reinas del Renacimiento, no solo se aprecia la belleza y elegancia de esta boliviana y su vestuario, sino también refleja el resultado de su esfuerzo y sacrificio lejos de su tierra natal; ya que no cualquiera de los empleados de este festival puede vestirse como miembro de una familia real, se necesita ser parte activa del mismo.

Este año, Giles cumplirá cuatro décadas de participación ininterrumpida. Durante este tiempo, demostró que tiene el temple y la prestancia para ser una gran soberana.

DE CUNA VALLUNA



Cochabamba fue la tierra que la vio nacer; su infancia transcurrió con normalidad a lado de sus padres, Héctor Revuelta y Dora Santa Cruz, y en la compañía de sus seis hermanos.

Según recuerda, ella siempre fue una niña “inquieta y preguntona”, y su etapa escolar en el Colegio de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, más conocido como Irlandés, fue llena de experiencias inolvidables.

Ligia salió bachiller en 1955. Al año siguiente, comenzó a trabajar en el Banco Hipotecario Nacional, bajo la dirección de Luis Davis, donde hizo carrera administrativa durante seis años.

Posteriormente, un encuentro inesperado, una mirada furtiva y una sonrisa provocaría un cambio de rumbo en su vida. En una fiesta privada conoció al norteamericano Bobby Giles, quien ese entonces trabajaba temporalmente como ingeniero en una empresa petrolera en Cochabamba.

En 1961 contrajo matrimonio con Bobby Giles. La pareja decide vivir en los Estados Unidos, en la ciudad de Conroe, Texas. Lugar donde reside hace 55 años.

Allá adopta el apellido de su esposo

y comienza a ser conocida como Ligia Giles. Casi al año de vida conyugal

llegó el primogénito, Bobby y, un año más tarde, Sharon.

“Durante más de una década me dediqué en cuerpo y alma a mis dos hijos. No salí a trabajar”, afirma.

OLFATO EMPRESARIAL

La vida de la familia Giles continuaba de forma habitual, pero en 1977, luego de 16 años de vida en la región, llegó al condado el empresario Jorge Coulan para comprar varias hectáreas de terreno, con el propósito de construir el recinto para un Festival del Renacimiento. Luego de intensos meses de trabajo se inauguró este centro de atracción.

“Es un parque temático, ambientado totalmente en la época del renacimien- to. Cada año abre sus puertas ocho fines de semana al año. Todo es tan llamativo que, sin darse cuenta uno comienza a gastar su dinero. Ahí supe que este lugar generaba mucho movimiento económico porque se podía vender todo, desde comida,

bebida hasta recuerdos”, señala.

Al año siguiente, se presentó ante el directorio de la administración con 50 empanadas de carne, -todas bien acomodadas en una charola de plata-, para su degustación. “Nunca antes había preparado una, pero a los dueños les dije que era la mejor y así lo comprobaron”, enfatiza Ligia, quien salió de las oficinas con un contrato firmado.

entre tropiezos y aciertos

Al principio no fue fácil preparar gran cantidad de empanadas, puesto que no tenía conocimiento de cómo se hacían las recetas de manera industrial; pero con ingenio, fe y perseverancia logró establecerse en una pequeña esquina del Festival.

“Me presté equipos de una pizzería para comenzar a producir las tapas de mis empanadas, luego alquilé un espacio dentro de un frigorífico de una carnicería para guardarlas en cajas y, con un poco de insistencia, logré producir la materia prima suficiente para no fallar la entrega del producto durante el festival”, cuenta Ligia Giles, quien empezó con 17 empleados y ahora tiene más de una centena.

Desde el primer año, esta boliviana fue reconocida como una gran trabajadora y emprendedora. Es así que la directiva del festival reconoció su local como uno de los lugares turísticos más visitados.

“Nunca cambié ni el tamaño ni la receta original, tienen más de 16 empanadas y son muy bien elaboradas; debe ser por eso que hasta ahora mis empanadas son las más buscadas”, dice orgullosa.

Actualmente, el negocio de Ligia

Giles creció ampliamente y ya cuenta

con 14 locales de expendio de comida - diversificó su oferta gastronómica- y bebida dentro del mismo recinto del festival.

Sin duda, desde 1976, Ligia Revuelta de Giles es la reina de la gastronomía hispanoamericana del Festival del Renacimiento de Texas. Cada año viste con sus mejores galas, dos o tres veces, para pasear por el lugar y recordar que ella es parte de su historia.

No sabe cuándo se retirará del festival, lo cierto es que sigue disfrutando

de cada una de las versiones como

si fuera la primera vez.